
La estrategia es tan brillante como perversa: pintar a Israel como el centro del mal, y luego señalar a todo judío que no lo condene como cómplice. Se les fuerza a elegir entre su dignidad o su seguridad.
A simple vista, las escenas desde Glastonbury parecen una protesta “enérgica”. Banderas rojas y verdes ondeando, keffiyehs por doquier, cánticos llenando el aire caliente. Pero sube el volumen. Escucha con atención lo que gritan decenas de miles, liderados por el vocalista del dúo punk Bob Vylan: “¡Muerte, muerte a las FDI!”
Esto no ocurrió en un rincón oculto. Fue en uno de los escenarios principales del festival. Transmitido en vivo por la BBC.
¿Dudas sobre la intención? Horas después, el mismo cantante subió una selfie comiendo helado vegano, mofándose: “Mientras los sionistas lloran en redes, yo me estoy comiendo un helado.”

A Bob Vylan le siguió Kneecap, un trío de rap irlandés que lleva el nombre del castigo del IRA de dispararle a alguien en la rodilla. También disfrutan incluir cánticos anti-Israel en sus shows. El mes pasado, uno de sus miembros fue acusado por un delito de terrorismo tras ondear la bandera de Hezbollah —grupo designado como terrorista— en pleno escenario. En un video, se les escucha gritar:
“¡Arriba Hamás, arriba Hezbollah!”
El incidente fue tan grotesco que incluso medios globales se vieron forzados a cubrirlo. El New York Times, con su lenguaje tibio de costumbre, describió los cánticos como “en contra del ejército israelí.”
Absurdo. Tan absurdo como decir que los lemas de “Free Palestine” se tratan únicamente de Palestina, como si los lemas de “lebensraum” en los años 30 fueran sólo sobre “tener un patio más grande”.
Lo que ocurrió en Glastonbury no es una protesta artística ni un acto de libertad de expresión. Es parte de una agenda ideológica coordinada en contra del pueblo judío. No solo contra el ejército israelí. No solo contra el Estado de Israel. Contra los judíos.
Los judíos llevan siglos siendo acusados de mil cosas: dominación financiera, control de medios, conspiraciones mundiales. Hoy, la verdadera conspiración no es de ellos, sino contra ellos. Y está ocurriendo a plena luz del día.
Mientras los judíos tienen que explicar, disculparse, condenar, demostrar su “decencia”… el otro lado avanza sin freno. Sin necesidad de hechos. Solo con poder, furia ideológica y narrativa manipulada.
Se llama movimiento “Free Palestine”, pero ese es solo el envoltorio. En uno de mis programas dije que el movimiento «Free Palestine» era un movimiento satánico en esencia. Lo que hay detrás es islamismo combinado con maoísmo, en versión digital. Es una guerra cultural, no una campaña de paz. Es una arma ideológica perfeccionada por activistas que han leído más a Foucault que al Corán.
Tal vez suene exagerado. Pero por motivos del libro que estoy escribiendo llevo mas de un año investigando movimientos subversivos e ideologías destructivas, especialmente los ligados al islam político. Y lo que hace este momento especialmente peligroso es que dos ideologías que antes operaban en esferas separadas ahora se han fusionado: el islamismo y el maoísmo.
El primero nace de la teocracia absolutista y la venganza tribal. El segundo, de la guerra de clases y el adoctrinamiento ideológico. Uno invoca lo divino; el otro se disfraza de laico. Ambos exigen sumisión.
El islamismo quiere restaurar un califato del siglo VII con bombas, sangre y odio.
El maoísmo busca nivelar a todos bajo la tiranía de la “equidad”, usando vigilancia, humillación pública y terror psicológico. Uno promete paraíso después de la muerte. El otro promete utopía después de purgar a todos los “incorrectos”.
Pero ambos comparten el mismo instinto: Aplasta al infiel. Elimina al impuro. Controla la narrativa.
El islamismo trae el fuego: odio visceral, martirio, exterminio del judío.
El maoísmo trae la táctica: infiltración institucional, reeducación cultural, manipulación de la historia, redes sociales como campo de batalla.
Cuando estas dos ideologías se unen —y ya lo han hecho— lo que obtienes no es una protesta. Es un movimiento cultural con una misión clara: Borrar no solo a Israel “From the River to the Sea”, sino al pueblo judío del mapa moral de Occidente.
El fervor islamista provee el combustible emocional. Juntos, repiten un mismo mensaje aterrador, viralizado por influencers en Twitch y otras redes sociales:
“El sionismo es malvado. Los judíos son opresores. Deben ser excluidos de la sociedad.”
Observa nuestras calles, universidades y centros culturales. Estudiantes judíos son acosados. Sinagogas, centros comunitarios y hasta restaurantes kosher son vandalizados. Una familia judía se sienta a cenar y un desconocido le grita con el celular grabando: “¿Y tú qué opinas sobre Palestina?”
Esto no es protesta. Es preparación para violencia.
A veces termina en escarnio público. Otras veces, en algo peor: como lo que ocurrió afuera del Museo Judío en Washington D.C. O en Boulder, Colorado, días después.
Cuanto más agresivo el contenido, más viral.
Ya no se necesita un púlpito ni un comité político. Solo se necesita un celular y un blanco.
Hoy es un video. Mañana es una piedra, un cuchillo, una bomba molotov lanzada a una sinagoga. Porque la aprobación digital no solo permite la violencia: la exige.
Puedes reírte y decir que esto es “extremista”. Puedes pensar que exagero. Pero no lo hago. Conozco el islamismo y sé a dónde conduce esta ideología.
Y si no haces nada, un día será tu amigo el señalado. Tu vecindario destruido. Tu escuela la invadida. Porque hoy, la maquinaria de radicalización no vive en una cueva. Vive en tu bolsillo, en tu pantalla.
La pregunta es ¿Qué debemos hacer?
Exponerlo. Desenmascararlo.
Rechazar la mentira de que el movimiento “Free Palestine” es una expresión inocente de solidaridad. No lo es. Es satánica en esencia y le corre el odio por las venas.
Debemos levantarnos con valentía por la comunidad judía. No en silencio. No con condiciones. Con claridad y convicción. Porque lo contrario es un infierno garantizado.
La historia no se repite. Se reinventa.
Hoy son los judíos mañana eres tu y tu familia. El movimiento «Free Palestine» No les importa Palestina. la mayoría de ellos ni saben donde queda Palestina. Es un movimiento ideológico de izquierda radical que demoniza todo lo que no se ajuste a ellos.

