
No conozco personalmente a la Lcda. Jannette Parra. Nunca he hablado con ella, nunca he compartido un café, y no tengo relación directa con su vida, su carrera ni sus motivaciones. Por lo tanto, no tengo derecho a juzgar su carácter ni sus intenciones, como lo están haciendo muchos por las redes sociales.
Y sin embargo, no puedo quedarme callado ante el espectáculo vergonzoso y destructivo que se ha levantado en torno a su fallido nombramiento como Secretaria de Justicia. No por defenderla —yo mismo no estaba a favor de su designación— sino por denunciar lo que esto ha revelado sobre nuestra cultura. Puerto Rico tiene un serio problema con el chisme, la especulación y la destrucción gratuita de reputaciones.
Una simple foto —de un tatuaje en su mano— ha sido suficiente para que los «expertos» de siempre, los conspiranoicos de teclado, los evangélicos sin freno ni discernimiento y los supuestos conservadores que solo conservan la lengua suelta, lanzaran una campaña de desprestigio que da vergüenza ajena. Estos son algunos de los comentarios que se han viralizado:
- “Si Bukele agarra a la nominada de Jenniffer González Colón, la mete presa junto a los gangueros en El Salvador.”
- “Marco Rubio tiene tatuajes. Todos los latinos pro-EE.UU. son pro-tráfico de drogas. Duh.”
- “Me estuvo extraño esos tatuajes… Esa mujer tiene serios problemas que saldrán a la luz.”
- “Todos esos vienen de la calle, parásitos del sistema, bandidaje y corrupción.”
Y la lista de necedades continúa…
Yo me pregunto: ¿Estas personas tienen evidencia fuera de toda duda razonable para afirmar lo que están diciendo? ¿Tienen pruebas contundentes? ¿Documentos? ¿Testigos? ¿Grabaciones? ¿Algún tipo de sustancia que justifique sus palabras?
¡No! Lo que tienen es una imagen borrosa, una imaginación descontrolada y una lengua sin freno.
Lamentablemente, esto no es nuevo. En Puerto Rico hemos sustituido el principio bíblico de “en boca de dos o tres testigos se establecerá toda verdad” (Deuteronomio 19:15) por el “me llegó por WhatsApp” o “lo vi en un post”. Repetimos como el papagayo lo que dicen los medios corruptos, los youtubers sin credibilidad o los supuestos «profetas digitales», sin siquiera detenernos a analizar si estamos violando uno de los pecados que más aborrece Dios: el falso testimonio y la lengua mentirosa.
La Biblia es contundente:
- «El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará.» (Proverbios 19:5)
- «El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.» (Proverbios 16:28)
- «No andarás chismeando entre tu pueblo.» (Levítico 19:16)
- «Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!» (Santiago 3:5)
- «Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.» (Mateo 12:37)
Y a los que se atreven a destruir a otro en nombre de la “pureza moral”, recuerden lo que dijo Jesús:
«¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» (Mateo 7:3)
No estoy defendiendo a la Lcda. Parra. Estoy denunciando el espíritu que la ha rodeado: un espíritu de fariseísmo disfrazado de celo, un espíritu de crítica carnal disfrazado de discernimiento, un espíritu de juicio sin misericordia. Este tipo de “cristiano” que hace esto es un peligro, porque habla con apariencia de piedad, pero su corazón está lleno de orgullo, prejuicio y malicia.
Estos no son profetas. Son pirómanos espirituales. No están defendiendo la verdad. Están alimentando su ego. No están velando por la justicia. Están sembrando discordia entre hermanos —y eso, dice la Escritura, es una de las cosas que Dios aborrece (Proverbios 6:16-19).
Puerto Rico no se levanta con este tipo de “conservador”. Puerto Rico no se sana con este tipo de “cristianismo”. Y la iglesia no se purifica con fuego extraño.
Ya es hora de arrepentirnos por usar la verdad como arma, por convertir nuestras redes sociales en púlpitos de acusación sin evidencia, y por jugar a ser Dios juzgando intenciones y condenando personas desde la comodidad de una pantalla.
Que el Señor nos confronte, nos corrija y nos limpie la boca, antes de que nos halle culpables delante de Su trono por cada palabra ociosa, por cada comentario venenoso y por cada reputación destruida por nuestra falta de temor.


2 respuestas
La,Sra nominada, no fue confirmada, porque no cumplió con algunos requisitos!
No fue,por tener tatuajes! Yo vivo en, PR y he visto y oído muchas de las entrevistas en las cuales ella aclara desde que tiempo y porqué, tiene tal tatuaje!
La iglesia, le ha dado la bienvenida, tal cual!!
Aveces hacemos más daño publicando lo que suponemos…que guardando silencio.
Dios nos de sabiduría 🙏 a todos 🙏
Gracias por tu comentario. Estoy completamente al tanto de que la Lcda. Parra no fue confirmada por razones administrativas y políticas, no por tener un tatuaje. De hecho, eso lo he dicho con claridad: yo no apoyaba su nombramiento, y no escribí la columna para defender su candidatura.
Mi intención con este escrito fue responder a un post que vi en Facebook donde alguien publicó una foto del tatuaje de la Lcda. Parra y, a raíz de eso, comenzó una lluvia de comentarios destructivos, burlones y hasta conspiranoicos por parte de personas que se identifican como cristianos o conservadores.
Mi preocupación no es el tatuaje, sino la cultura del chisme, de la especulación y del juicio sin evidencia que estamos tolerando —y muchas veces promoviendo— dentro de la iglesia y la sociedad. Ese es el corazón del mensaje.
Que Dios nos dé sabiduría y discernimiento para saber cuándo hablar, cuándo callar, y sobre todo, cómo hacerlo con gracia y verdad. 🙏