
Solo en el “nuevo orden mundial” de la izquierda cristiana, aquellos que defienden la vida de los no nacidos, creen en el diseño bíblico del matrimonio y apoyan la seguridad de las fronteras son etiquetados como fanáticos, misóginos y racistas. No importa si esas etiquetas tienen sentido o son verdaderas, lo importante es que la izquierda cristiana necesita ese tipo de retórica para encender —y mantener encendida— la llama de enemistad con la derecha.
Por culpa del uso constante y exagerado de palabras como “racismo” o “discriminación”, los medios seculares y la cultura popular han descartado por completo al cristianismo bíblico, y desprecian a todo creyente que se atreva a afirmar lo que dice la Escritura. Esta división moral tan fuerte dentro de la iglesia nos obliga a hacer una pregunta: ¿se fue la iglesia hacia la izquierda… o fue la izquierda la que se metió en la iglesia? Sea como sea, esto apenas es el comienzo de la persecución que se avecina contra la iglesia en Estados Unidos.
Pero para que la izquierda cristiana siga ganando terreno dentro de las masas y pueda sembrar enemistad espiritual y teológica dentro de la iglesia evangélica, necesita hacer dos cosas:
- Generar odio hacia los conservadores y tradicionalistas que creen en los principios bíblicos aplicados a los temas sociales.
- Crear una falsa sensación de superioridad moral entre un grupo “élite” que se cree más iluminado.
¿Cómo logran esto? Usando frases religiosas y palabras bonitas, muchas veces plagiadas de los verdaderos creyentes, pero manipuladas para servir su agenda. Frases que seguro has oído en boca de la izquierda cristiana:
- Jesús acepta a todos.
- Jesús nunca se interpondría en el amor entre dos personas.
- Jesús fue un refugiado.
- Jesús aceptaba a los extranjeros y marginados.
- Dios no pone muros que nos separen de Él.
- Cada quien debe vivir su verdad.
- Hay personas que simplemente nacen así (gay, bi, trans).
- Un verdadero cristiano acepta a todos.
Con este tipo de argumentos, la izquierda ha secuestrado sistemáticamente el lenguaje cristiano para validar el libertinaje y la decadencia moral que no solo promueven… sino que también quieren imponerle a todos.
Como es típico del progresismo, las doctrinas tradicionales deben ser redefinidas para que se alineen con las “nuevas normas culturales”, aunque eso signifique torcer la Escritura o exaltar la compasión por encima de la verdad. El progresismo resulta atractivo para muchos “ex cristianos bíblicos” porque funciona como una especie de “casa intermedia” donde pueden sentirse religiosos y socialmente responsables, pero ya no tienen que someterse a esas enseñanzas “anticuadas” como los milagros, la autoridad de la Palabra, la santidad sexual o la realidad del pecado.
Un ejemplo de esto ocurrió durante los premios Grammy de 2019, cuando Michelle Obama dijo dos veces “Amén” mientras Jada Pinkett Smith proclamaba que “toda voz merece ser respetada y honrada”. Aunque la frase fue sutil, el mensaje era evidente: un ataque disfrazado contra los cristianos conservadores que aún creen en verdades bíblicas sobre el género y la inmigración ilegal. El uso de lenguaje sagrado por parte de Obama —como lo hace toda la izquierda espiritual— no es accidental. Es una estrategia para confundir a las masas y borrar las líneas entre los ideales izquierdistas y la fe cristiana.
Y como el público cristiano ya está familiarizado con palabras como estas, se les hace más fácil aceptar que la izquierda es “piadosa”, que está “defendiendo la verdad” y “protegiendo al mundo” de los odiosos, retrógrados y “fanáticos de la Biblia” del otro lado.
Aquí algunas de las palabras y frases secuestradas por la izquierda cristiana:
- Dios te bendiga
- Aleluya
- Amén
- Inclusivo
- El plan de Dios
- Amor incondicional
- Justicia social
- Aceptación
- Espiritual (pero no religiosa)
- Obligación moral
Al usar este tipo de lenguaje pseudo-cristiano, la izquierda cristiana puede avanzar su agenda liberal con apariencia de santidad, señalando con el dedo a los demás y reclamando la “superioridad moral”. El resultado es una iglesia dividida: por un lado, los “espirituales iluminados” y por otro, los “fundamentalistas fanáticos”.
Si queremos unir la iglesia y enfrentar esta enemistad teológica, necesitamos volver a los fundamentos de la Palabra. Es hora de dejar atrás tanto el elitismo como el odio, y afirmarnos con amor, pero sin titubear, en la verdad eterna de Dios.

